¿BURBUJA EN LA FICCIÓN TELEVISIVA?

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Un artículo de Javier Azteca para ColumnaZero.

Un artículo de Javier Ateca para ColumnaZero.

Que las series de televisión están viviendo una época de oro, posiblemente su mejor época desde sus inicios, es algo que ya nadie discute. De hermana pequeña, ignorada por el cine, ha pasado a ser el medio más creativo, innovador y deseado no solo para los profesionales sino para el público de medio mundo. Los primeros no dudan en participar en nuevos (y a veces arriesgados) proyectos. Los segundos, por su parte, se han convertido en consumidores casi compulsivos que devoran cuanto se estrena de tal forma que la producción ha tenido que aumentarse hasta extremos que hoy preocupan a algunos. Hay voces, tímidas de momento, pero muy cualificadas, que predicen un final y no precisamente feliz a este boom. ¿Ha llegado el momento de hablar de burbuja en la ficción televisiva?

En 2015 se batieron todos los récords en la producción de series norteamericanas.  Más de 400 dramas, comedias y miniseries fueron desarrolladas por las cadenas de televisión en abierto, cable y plataformas. Esto supuso un 9% más que en 2014, y atención, un 94% más que en 2009. En 2016, se estrenaron 157 series, un 15% más que en 2015 y un 30% más que en 2014. En total, el año pasado, el espectador norteamericano tenía un menú de 455 series donde elegir, entre estrenos y nuevas temporadas. Nosotros también, tras el acertado (y titánico) esfuerzo por parte de algunos canales en estrenar apenas unas horas después de su pase en Estados Unidos.

Pero seamos sinceros, si hay que culpar a alguien es, sin dudarlo, a los canales de pago y a las plataformas digitales. Empecemos por la primera, por la reina del pago: HBO (Home Box Office).

Hay que remontarse hasta 1965 para conocer sus orígenes pero a nosotros nos interesa desde 1986 que es cuando decide codificar sus emisiones y ofrecerlas exclusivamente de pago. Frente a las políticas desarrolladas por otras cadenas de pago del mundo, ellos decidieron prescindir del deporte y centrarse en la producción de series. Una jugada muy arriesgada. Pero la enorme factura que costaban, y cuestan, los derechos deportivos se convirtió en un presupuesto hasta la fecha desconocido para producir… series. Había que hacerlo de manera diferente e innovadora. Nadie pagaría por ver lo que ya emitían las cadenas tradicionales. Aunque suene a chiste, uno de los pilares para su expansión fue la emisión de desnudos en sus primeras producciones (algo que hoy sigue siendo una marca de la casa), algo inimaginable en un país capaz de llevar a la hoguera a una cantante por mostrar un pezón (cubierto por una pezonera…). Así que los primeros titulares destacaron este asunto, no menor, e hizo que las altas aumentaran rápidamente. Pero como no solo de piel vive el hombre, algunos visionarios del canal quisieron ir más allá. Había que arriesgar más. Y lo hicieron. Y mucho. Con series como Los Soprano, The Wire, Hermanos de sangre, A dos metros bajo tierra, Veep, Sexo en Nueva York, Angels in America, Girls o su gran pelotazo: Juego de Tronos. Estas son solo algunos de sus éxitos más rotundos que además, se han colado en cualquier lista sobre las mejores series de la historia. Para cerrar 2016, HBO nos dejó Westworld, sofisticada, exigente, polémica, diferente, y con mucho recorrido, algunos de los adjetivos indispensables para sus producciones.

¿BURBUJA EN LA FICCIÓN TELEVISIVA?

Tras el éxito entre sus espectadores, y con la crítica rendida, solo faltaba que los muy tradicionales premios de la televisión comenzaran a fijarse en estos títulos y darles una visibilidad internacional que convirtiera la marca en sinónimo de éxito y calidad.

HBO marcó muchas diferencias. Empezando por acortar temporadas de 22, 23, 24 episodios a 13. Sangre nueva, directores, guionistas y productores se hicieron con la parrilla del canal que alumbraba sin pausa pero sin prisa series de presupuestos inimaginables hasta ese momento. Hasta las cabeceras de sus series asombraron al mundo por su belleza e innovación. Destaquemos dos: A dos metros bajo tierra y Westworld. Pura magia.

Inmediatamente después, empezaron a surgir otros canales que no dudaron en copiar su fórmula de éxito. Showtime (responsable de la hipnótica Homeland), USA Network, FX, Starz…hasta que llegó Netflix.

Si HBO será recordada como la pionera, Netflix lo será por dar, no un paso más, sino por ser culpable (casi) de destruir la forma en la que hoy vemos la televisión. Servicio streming. Es decir, por banda ancha. En el dispositivo que queramos, y lo mejor de todo, ver lo que uno quiere cuando uno quiere. Adios programadores. Hace unos días se hacían públicas su cifras. Casi 94 millones de suscriptores en todo el mundo. Se puede ver en 190 países, con programas en 20 idiomas y ha obtenido unos ingresos que superan los 7700 millones de euros. Pero cuidado, 174 millones de beneficios. Esto nos da una idea de lo que que le cuesta a Netflix ser Netflix. Un dato.

Cuando en 2012, la compañía anunció que iba a invertir más de 100 millones de dólares en la serie House of Cards, a la industria del entretenimiento le cambió el rictus. Sobre todo porque solo tenía cuatro programas propios. El año pasado ya superaban los 125 entre series, películas y documentales (hasta en este género están triunfando y si no, ahí está la extraordinaria Making a Murderer). Este 2017 tienen previsto estrenar 42 producciones y anuncian que invertirán más de 6000 millones en contenido. Son cifras que están dejando a sus competidores tocados y de momento, heridos. Heridos pero sin miedo porque Amazon Prime Video ya está disponible en más de 200 países y quiere ser un competidor a tener en cuenta. Entre sus series para 2017, destacan la primera incursión de Woody Allen en televisión, Crisis in Six Scenes y Goliath de David E. Kelly, además de tener entre su catálogo las multipremiadas Transparent y Mozart in the Jungle. Apple por su parte también quiere su parte de este suculento pastel Y no serán las últimas.

¿BURBUJA EN LA FICCIÓN TELEVISIVA?

Aquí, nuestra Movistar+ hace lo que debe (y puede) y en la presentación de la serie La peste, una superproducción de 10 millones de euros, se venía un poco arriba y sentenciaban que la mayoría de series del catálogo de Netflix eran irrelevantes y que ellos pensaban invertir 70 millones. Bueno, cadenas como Antena 3 o TVE han superado y con mucho esa inversión en 2016. Pero siempre es bueno que el último en llegar sea peleón y se lance, aunque sea con el paracaídas que tiene ser pertenecer a Telefónica, a formar parte de esta edad de oro de la pequeña pantalla (cada vez menos pequeña en todos los sentidos).

Imponente baile de cifras, con su consiguiente mareo, que ha puesto en alerta a un Hollywood receloso por no poder competir con la inmediatez que propone Netflix y si me descuidas con sus presupuestos. No es un secreto que cada episodio de Juego de Tronos cuestra ¡9 millones de dólares!, y que hace muy poco, Reed Hastings, CEO de la compañía se preguntaba sin un atisbo de rubor, ¿cómo será la televisión de 19 millones de dólares la hora? Más de uno ha tragado saliva y se ha puesto a ver Westworld de la que se dice es aún más cara…a ver qué pasa.

¿Es posible mantener la calidad con semejante nivel de producción? De hecho, estamos ya viviendo reboots, o lo que es lo mismo, series rescatadas tras su cancelación, como Expediente X, Las chicas Gilmore, Twin Peaks, Will&Grace o el último bombazo que ha saltado de labios de su productor, la posible resurrección de Perdidos. ¿Falta de imaginación o apuesta por lo seguro?

2017 va a ser el año de infarto. Se espera la consolidación para los nuevos operadores, reafirmará el éxito de los que ya están, y sobre todo, dará las primeras pistas sobre si es real esta burbuja televisiva de la que algunos ya avisan. Pero de momento, son solo susurros imperceptibles en un mundo postrado ante el inmenso poderío que muestran muchas de las nuevas producciones (y las antiguas, que resisten), y atención, si este año convierte en realidad lo que muchos creían imposible, que en este país se pague por ver la tele.

Javier Ateca

@columnazero

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