BIG LITTLE LIES, UNA VIDA PERFECTA ES UNA MENTIRA PERFECTA

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Un artículo de Javier Ateca para ColumnaZero.

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David E. Kelley, uno de los grandes creadores de series norteamericanas, vuelve a sorprender con una inquietante historia, disfrazada de amabilidad, donde nada es lo que parece y lo que parece es nada…comparado con la realidad.

En una televisión dominada por superhéroes, dragones, comisarías, abogados y policías, parece una locura que una cadena se arriesgue y produzca una serie alejada de las tendencias, pero HBO, responsable, por otra parte, de crearlas, se puede permitir el lujo de nadar a contracorriente. Y si encima, la competencia aprieta, la búsqueda de nuevas historias, y lo que es más importante, nuevas formas de contarlas, es una prioridad. Eso debió pensar ante el proyecto que David E. Kelley puso sobre su mesa. Este creador es responsable de algunas de las mejores series que ha dado la televisión: La ley de los Ángeles fue su primer gran éxito internacional. Desde entonces, Picket Fences, Chicago Hope, Ally McBeal, El abogado, Boston Legal y Harry´s Law, forman parte de su aportación a la historia de la televisión. Sin embargo, a pesar de que muchos ya lo consideraban una reliquia del pasado, Kelley ha sabido salir de su zona de confort y ha creado una miniserie de tan solo siete episodios, capaz de agitar los cimientos de una ficción demasiado enfocada a un segmento de la población, en detrimento de un público más adulto que echaba de menos, historias contundentes y aptas solo para gustos exquisitos.

BIG LITTLE LIES, UNA VIDA PERFECTA ES UNA MENTIRA PERFECTA

Big Little Lies es ante todo una historia para adultos, de adultos y con adultos. La vida cotidiana de unas amas de casa atractivas, elegantes, sonrientes, felices y siempre dispuestas a ayudar a su vecina, se vuelve una historia retorcida donde lo más oscuro del ser humano se presenta bajo un sol radiante y un mar azul. El más difícil todavía. Partiendo de un mcguffin, lo que Alfred Hichtcock definió como como un elemento de suspense que hace que los personajes avancen aunque no tenga mayor importancia en la trama (aunque esto está por ver), Big Little Lies es como el folleto de venta de una urbanización donde todo es perfecto. La vida es perfecta y quienes allí viven, también. Un club exclusivo donde el estatus (económico) es la base para las relaciones entre vecinos. Sol, playa, gente guapa, parejas de revista, niños de anuncio… El paraíso. Aunque todo paraíso tiene sus trampas. Y aquí, hay muchas. Incluso, mortales. Nada es lo que parece. Las impresionantes paredes de sus impresionantes mansiones, esconden el terror, la vergüenza, el miedo, la ira, la decepción, la frustración, la venganza, la desesperación, el odio, y todas las emociones que es capaz de sentir el ser humano en sus momentos más bajos. En principio, todo normal si no fuera esta serie da un paso más. Cruza la línea y nos invita a asomarnos a un espectacular precipicio…para acto seguido, empujarte, sin remordimientos, hacia el vacío. Es la maldita curiosidad. La que mato al gato y a millones de cotillas. Es como las historias de Agatha Christie. Lujosas mansiones en paisajes de ensueño donde el asesinato era tan puntual como el té de las cinco.

Para darle realismo a este fascinante caramelo envenado, el reparto tenía que ser redondo. Y no solo lo es, sino que soporta una buena parte del éxito. Cuatro actrices que demuestran que lo suyo no ha sido suerte. Y lo mejor de todo, que gracias a la televisión, aún les queda mucho que ofrecer. Quizá, lo mejor.

Empecemos por Nicole Kidman. La noticia de que protagonizaría una serie nos trajo a todos el mismo pensamiento: otra actriz que por su edad se pasa a la pequeña pantalla porque no le ofrecen buenos papeles en el cine. Pues no. Cualquier actriz con un poquito de instinto mataría por su personaje,  uno de los más complejos que ha dado la televisión en los últimos años. Solo una actriz valiente puede hacerse cargo de esta mujer atrapada en una truculenta historia. Nicole Kidman usa todos sus recursos, que son muchos, incluida esa autoinflingida “parálisis” facial, para ofrecer una masterclass. Por si alguno tuviera la más mínima duda, además del recital interpretativo, la Kidman protagoniza una de las secuencias de sexo más incómodas que se han visto últimamente en la tan recatada televisión norteamericana (con permiso de Juegos de Tronos). Y hacerlo a su edad, con su currículum, es solo, o un acto de generosidad, de exhibicionismo o la demostración de que cree ciegamente en su papel y lo defiende hasta sus últimas consecuencias.

BIG LITTLE LIES, UNA VIDA PERFECTA ES UNA MENTIRA PERFECTA

Junto a una espléndida Nicole, tres actrices principales, inmensas, en estado de gracia, a quienes la historia les sienta como un guante. Reese Witherspoon iba a ser en principio solo productora, pero la convencieron de que el papel de Celeste tenía que ser suyo. Y se lo agradecemos. Siempre ha sido una actriz que me ha dejado frío pero aquí, consigue construir un personaje tan brutal que a veces la odias y otras, la amas. Vamos, que te la comerías y luego te arrepientes de habértela comido.

Laura Dern, a quien los dinosaurios le dieron fama y dinero pero le arrebataron todo su potencial como actriz, era y es, una gran actriz. Pero ha tenido pocas oportunidades para demostrarlo. Lejos queda la inolvidable Corazón salvaje de David Lynch. Aquí es capaz de vestirse de Prada y ser el mismísimo diablo.

El cuarto pilar de este reparto perfecto es Shailene Woodley, conocida por ser la protagonista de la saga Divergente. Sin duda, una grandísima sorpresa, al menos para mí, al ser capaz de hacer frente al personaje menos glamuroso y dotarlo del mayor halo de misterio de todos.

Si Mujeres desesperadas era una comedia más o menos negra, con pinceladas de folletín (de la que fui fan), Big Little Lies es más retorcida, de hecho es muy retorcida. No deja lugar al humor. Quiere mostrar una historia tan negra como el alma de sus protagonistas. Quiere pellizcarte el estómago y lo consigue bajo un sol brillante y un mar azul.

“Una vida perfecta es una mentira perfecta” es el claim de la serie, un eslogan que define mejor que nada la esencia de esta ficción no apta para todos los públicos. Porque estamos ante un drama adulto, complejo, a veces cruel, a veces, delirante, que muestra un paisaje desolador donde la mayoría solo ve el paraíso. Y si además, nos permiten espiar la vida, aparentemente perfecta, de nuestros vecinos, ¿qué más se puede pedir?

Javier Ateca

@columnazero

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