BERLÍN: EL OASIS OKUPA

Un artículo de Marcos Martínez Solanilla para ColumnaZero.
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Un artículo de Marcos Martínez Solanilla para ColumnaZero.
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Para conocer cómo evolucionaría de forma natural el arte y la libre expresión del ser humano, basta con ir a ciertos barrios berlinenses donde la okupación de casas, edificios, e incluso barrios ha aumentado paulatinamente desde la legalización del fenómeno por parte del Gobierno alemán en los 90.

No hay duda. La principal y más interesante seña de identidad de la historia reciente de la capital alemana la constituyen sus barrios okupas.

El movimiento okupa tiene su origen en los años 60 en Reino Unido, que se extendió en poco tiempo a otros muchos países del mundo.

Aunque en los últimos años Berlín haya tenido que hacer frente al boom de la arquitectura moderna, su espíritu ha permanecido intacto. Al menos el de Mitte, Prenzlauer Berg y Friedrichschain, barrios okupas caracterizados por una “subcultura” de autonomía, espontaneidad e improvisación. De ellos, el más conocido es Mitte, pues en él se encuentra Tacheles, uno de los edificios okupas más célebres del mundo.

Tras la legalización de las “casas okupas” en los años 90, muchas se han convertido en centros culturales y artísticos, con el impulso de aquellos que las ocuparon inicialmente. Este fenómeno no solo se produce en casas o edificios. La fuerza de esta ideología en Berlín queda reflejada en barrios enteros. Hay personas que viven en antiguos carromatos o enormes camiones modificados. Surgen así auténticos poblados en descampados y plazas junto al resto de casas okupadas: algunas de ellas improvisadas con desechos urbanos.

Los edificios que componen estos barrios albergan funciones muy variadas. Centros lúdicos, bares, restaurantes, discotecas, museos e incluso un antiguo hospital transformado por los okupas en la actualidad. En los bares se llevan a cabo actividades diversas que pueden contentar a cualquier tipo de público: desde conciertos y escenas circenses a una ópera punk.

Kreuzberg es parte del distrito Friedrichshain-Kreuzberg, agrupamiento que se llevó a cabo con los barrios berlineses a comienzos del siglo XXI para solucionar el problema administrativo de la ciudad. Kreuzberg se divide, a su vez, en dos partes bien diferenciadas: una viene representada por  la mitad oeste, aburguesada,  caracterizada  por la presencia de avenidas modernas y calles estrechas, con edificios cuyas fachadas respetan, en cierto modo, su aspecto previo a la guerra, y la otra parte viene representada por la mitad este, antiguamente conocida como el Bronx berlinés. Es el foco de “punkis” y “okupas”, que a lo largo de la historia han hecho del lugar, uno de los más bohemios de Europa. En la actualidad, son las clases medias-bajas las que habitan, en su mayoría, el lugar. El motivo: el bajo precio del alquiler.

Una foto de Propaganda Panda.
Una foto de Propaganda Panda.

Hoy en día, la mayoría de los que habitan el barrio es de origen extranjero. El 40% de los residentes en el lugar es de origen turco, quienes han asentado lo que se conoce como “Pequeño Estambul” (negocios familiares, como kebabs, controlados por turcos).  La presencia no es novedad. Tras la segunda Guerra Mundial, muchas personas emigraron desde Turquía a Alemania para trabajar, mano de obra que contribuyó a la reconstrucción y a la recuperación económica del país. Hoy, alrededor de tres millones de turcos viven en Alemania. Constituyen, de este modo, la minoría más numerosa del país.

En el barrio se pueden encontrar varios centros con un gran peso cultural: Checkpoint Charlie, paso que unía el sector soviético con el americano durante la Guerra Fría; el Museo de Kreuzberg, que vela por el mantenimiento del espíritu del lugar; el Künstlerhaus Bethanien, un antiguo hospital reconvertido por los okupas en un centro artístico; el centro cultural-okupa Köpi, cuya resistencia okupa en los últimos años lo ha convertido en el centro punk de Europa por excelencia; el Museo Judío, o el Schwules Museum, cuyo único tema es la homosexualidad.

Pero si hay un edificio cuyo peso histórico y cultural pesa sobre los demás, ese es Tacheles, “hablar claro” en yidis (dialecto que usan los judíos procedentes de Europa central y del Este),  en el barrio de Mitte. Se trata de un edificio que permanece en pie a pesar de las bombas de la Segunda Guerra Mundial. Uno cuyas paredes dejan huella perenne de la originalidad de los grafitti de los años ochenta. Foco de la diversidad creativa berlinesa que es visitado por más de 300.000 turistas cada año. Tacheles es, probablemente, la casa okupa más famosa del mundo.

Interior de Tacheles.
Interior de Tacheles.

Fue una galería de arte moderno dirigida por una organización de artistas que ocuparon la propiedad el 13 de febrero de 1990. El edificio podría considerarse el núcleo del sentimiento en la zona: en un principio, el Gobierno alemán pensó en demoler el edificio tras la caída del muro. No obstante, un colectivo de jóvenes artistas de todos los países se adelantó y okupó el edificio con fines culturales. Poco después, Tacheles fue declarado monumento histórico.

No obstante, el edificio principal fue cerrado definitivamente en septiembre de 2012.Hoy los visitantes y curiosos sólo pueden acceder a la parte trasera del edificio, donde muchos artistas han creado una pequeña asociación para continuar creando eventos, arte y exhibiciones.

De lo anterior se deduce que Alemania es un país donde la coordenada espíritu libre-permisividad del gobierno, podría constituir un ejemplo para el resto de países. La dimensión del fenómeno y el contexto en que se desenvuelve (capital de uno de los más potentes países europeos), lo hace un caso único en el mundo. Y por ende recibe cientos de miles de visitas como epicentro alternativo, como la otra forma de conocer Berlín.

En nuestro caso, mientras en los años 90 el Gobierno alemán dio vista verde a la evolución de las casas okupa, en España se promulgó, poco después, el nuevo código penal que penalizaba específicamente la okupación de lugares abandonados.

Marcos Martínez Solanilla

@marcosum_ms

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