AYRTON SENNA: SER SEGUNDO NO ERA UNA OPCIÓN

Un artículo de Hugo García para ColumnaZero.
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“Los cobardes mueren varias veces antes de expirar, el valiente solo una vez prueba la muerte”. Ayrton Senna.

El mundo del deporte es fuente inagotable de mitos y leyendas. Si en la antigüedad, las grandes batallas eran el escenario donde los hombres se ganaban la gloria, hoy es el deporte el que actúa como elemento catalizador de grandes pasiones. Los deportistas son nuestros héroes modernos y  tanto sus victorias como derrotas son narradas como si de  grandes epopeyas se tratasen.

En el automovilismo, el hombre une su suerte y destino al de una máquina, acechando la muerte en cada curva; la velocidad se convierte en dogma  y el riesgo es un elemento más de la ecuación que los pilotos asumen con naturalidad. La tragedia  de vez en cuando hace acto de presencia y es ese plus de peligrosidad, el que atrae al espectador y hace de la Fórmula 1 un fenómeno de masas.

Hablar de Juan Manuel Fangio, Jackie Stewart, Niki Lauda, Alain Prost, Michael Schumacher, Fernando Alonso o Sebastian Vettel, es hablar del pasado y presente de un deporte que se alimenta y engrandece con las hazañas de sus mitos. Todos ellos son o han sido pilotos ganadores que han batido récords y han saboreado las mieles del éxito. Sin embargo, hubo un piloto que con su personalidad  y forma de conducir –siempre al límite- ha conseguido permanecer en el imaginario colectivo de los aficionados de la Fórmula 1, manteniendo su recuerdo intacto. No le dio tiempo a ganar  tantas carreras y  campeonatos mundiales como a otros grandes del automovilismo, pero no le hizo falta, ya que lo suyo era puro carisma. El 1 de mayo de 1994 en   el vetusto circuito de Imola (Italia)  su vida se apagó. Su nombre era: Ayrton Senna  da Silva, el piloto más rápido de la historia.

Bendecido con un don: ser rápido

“Soy un joven que sacrificó mucho de su propia existencia por las carreras. Pienso en esta profesión desde que era un niño; dí todo de mí y creo que la amo más que cualquier otro. Por eso hasta cuando esté corriendo lo haré solamente para vencer”, así de claro lo tuvo siempre Senna. Nacido en el seno de una familia humilde, fue un niño prodigio,  ya con 4 años pilotaba el viejo kart fabricado por su padre. Aunque nunca consiguió ser campeón del mundo en esta categoría –fue subcampeón- siempre habló de este periodo, como uno de los más felices de su carrera deportiva. En esos primeros duelos al volante, ya exploraba sus propios límites. En el karting, cuna de tantos campeones, las batallas se ganan palmo a palmo, la tecnología no es tan determinante para triunfar en carrera, y todavía el  factor humano traza la línea que separa el éxito del fracaso. Por aquel entonces Senna, ya era todo un ídolo en su país, pero sus ansias de victoria permanecían intactas, su techo aún se vislumbraba lejos. El siguiente reto al que hizo frente fue la Fórmula Ford británica, siguiendo poco después su aprendizaje en la formula 2000 y 3000, hasta dar el salto definitivo a la categoría reina; el mayor espectáculo del mundo de las cuatro ruedas,  la Fórmula 1.

1990:  Portrait of McLaren Honda driver Ayrton Senna of Brazil before the Japanese Grand Prix at the Suzuka circuit in Japan. Senna retired from the race after a collision with Fiat Ferrari driver Alain Prost of France.  Mandatory Credit: Pascal  Rondeau/Allsport
1990: Portrait of McLaren Honda driver Ayrton Senna of Brazil before the Japanese Grand Prix at the Suzuka circuit in Japan. Senna retired from the race after a collision with Fiat Ferrari driver Alain Prost of France. Mandatory Credit: Pascal Rondeau/Allsport

El piloto sin límites

La carrera profesional de Ayrton Senna esta plagada de momentos irrepetibles, de adelantamientos al límite y curvas imposibles. Su espíritu competitivo y su determinación por alcanzar la victoria era lo que le hacia volar en los circuitos.

Sus primeros pasos en la máxima categoría fueron en la escudería  Toleman, el año de su debut consiguió ser noveno en la clasificación general,  quedando incluso segundo en un gran premio. Sus grandes actuaciones no pasaron desapercibidas y le permitieron hacerse un hueco en una escudería de mayor rango, como era el caso de Lotus. Aquí obtuvo sus primeras victorias y mantuvo duelos épicos con Nigel Mansell y Alain Prost. Por fin Senna tenía un coche que le ofrecía la posibilidad de medirse de igual a igual con los grandes “colosos” de la época.

El siguiente capitulo de su carrera se desarrolló en McLaren, donde también competía el francés Prost. Aunque compartieron equipo, su relación nunca fue la de unos compañeros, sino más bien todo lo contario, fueron enemigos acérrimos. Esa  competitividad máxima entre ambos  generó  una de las rivalidades deportivas más grandes de la historia.

Senna vs Prost

Ambos pilotos poseían un fuerte temperamento y una marcada personalidad. Compartían un mismo objetivo: ganar siempre. Si sus duelos deportivos fueron míticos, los duelos mediáticos no se quedaron atrás. Las acusaciones y las ruedas de prensa incendiarias formaban parte del show; muy alejadas quedan las declaraciones políticamente correctas que escuchamos hoy en día en el paddock. En los micrófonos saltaban chispas, “Mis rivales no me quieren porque mi pecado es ser veloz” afirmaba Senna en una entrevista.

El piloto brasileño gozó siempre del cariño del aficionado. No solo era un  ídolo en Brasil sino también en el resto del mundo. Por el contrario Prost era un héroe local, al que incluso le costaba conseguir el reconocimiento unánime en su propio país. Se podría considerar que durante esos años, en el contexto de esa rivalidad y alimentado por los propios medios de comunicación, existió un duelo entre un “bueno” y un “malo”. Esa dicotomía héroe-villano, queda perfectamente retratada en el documental “Senna” del director británico Asif Kapadia. Una estupenda pieza creada íntegramente con imágenes de archivo, donde el director consigue emocionar y enganchar al espectador utilizando elementos típicos del thriller.

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Estos duelos memorables compartiendo escudería y no aptos para cardiacos, terminaron con la salida precipitada del francés al equipo Ferrari. Tanto uno como otro consiguieron que los espectadores de medio mundo disfrutaran de uno de los grandes duelos deportivos de la historia, a la altura de los míticos Ali – Frazer,  Magic – Bird o más recientemente los Federer – Nadal.

Ayrton Senna: ser el segundo no era una opción.
Ayrton Senna: ser el segundo no era una opción.

El ídolo del pueblo

“A él poco le importaba si el asfalto estaba mojado; lo suyo era volar y violar en un segundo todas las leyes de la física.”

Juan Manuel Fangio

Profundamente religioso, Senna nunca dio la espalda a la realidad de un país, el suyo, que lo veneraba como si de un dios se tratase. En esa época, Brasil estaba muy lejos del estado emergente que es ahora; las desigualdades que hoy en día se perciben, eran todavía más extremas en la década de los ochenta y principios de la noventa.

Fue un líder fuera y dentro de la pista; acusado en muchas ocasiones de temerario y peligroso, siempre luchó por mejorar las condiciones seguridad en los circuitos, alzándose como voz  autorizada ante la FIA (Federación Internacional de Automovilismo) o frente al patrón  de la Fórmula 1, Bernie Ecclestone.

Durante ese fatídico fin de semana en Imola, el drama golpeó con implacable dureza. En los entrenamientos libres del viernes Rubens Barrichelo sufrió un brutal accidente del que por fortuna salio ileso; no corrió la misma suerte el piloto austriaco Roland Ratzenberger que perdió la vida al colisionar su monoplaza contra el muro de la curva Villeneuve, mientras participaba en la ronda de calificación del sábado. Fue un gran premio salpicado de accidentes y malos augurios. La carrera se disputó y aunque la leyenda habla de un comportamiento extraño y diferente de Senna en los instantes previos a la carrera, la verdad es que el piloto brasileño salió con la determinación y convicción de la que siempre hizo gala. Su objetivo era ganar esa carrera como fuera y seguir la estela  de un joven piloto alemán llamado Michael Schumacher, que tras la disputa de  las dos primeras carreras del año, era líder en solitario de la clasificación general. Transcurridas pocas vueltas y cuando encabezaba la carrera, su Williams Renault se salió de la pista, chocando contra el muro de hormigón de la curva  Tamburello. Ayrton Senna  fallecía en el acto, muere el hombre nace el mito.

Hugo García

@HugoMitico

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