ANTONIO PAMPLIEGA: “LO PRIMERO QUE TIENES QUE HACER AL CUBRIR UNA GUERRA ES ASUMIR QUE PUEDES MORIR”

Un artículo de Miguel Veríssimo para ColumnaZero.
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Recuperamos la crónica que publicabamos el 26/10/2012 por Miguel Veríssimo.

A Antonio Pampliega (Madrid, 1982) la fama le ha llegado de rebote, sin buscarla. De repente, un artículo suyo publicado en El País en octubre de 2010, se ha convertido en un todo fenómeno en las redes sociales. En “Pagar por ir a la guerra”, Antonio cuenta cómo en 2008, con 25 años y tras varios contratos como becario sin atisbo alguno de contrato fijo, decidió poner rumbo a Bagdad y convertirse en corresponsal de guerra. Estuvo en Pakistán, Líbano o Afganistán, pero de los medios españoles solo consiguió alabanzas  y  unos “míseros euros a pesar de que había puesto mi vida en peligro más de una vez”, escribe. Después, llegó Siria, donde fue el primer español en entrar en el país después de que se desencadenara el actual conflicto. “Solo fue hace un par de años cuando empecé a ganar dinero como freelance”, explica, “pero no gracias a los medios españoles”.

Antonio llegó el 26 de octubre a España. Lleva solo dos días en Madrid, pero dice que le han sido suficientes para recuperarse de todo lo que ha visto. Venía de otra aventura en Siria, donde asegura que ya tiene ganas de volver. Antes de embarcarse en otro viaje, asiste como conferenciante a una charla en el Colegio Mayor-Residencia Fernando de los Ríos de Getafe. Lleva la camisa metida por dentro del pantalón y el rostro sereno, pero a los que conocían su historia de antemano seguro que les costó no imaginárselo con casco y chaleco. Los que no le conocían comenzaron a formarse esa imagen de periodista de guerra a medida que iban pasando los minutos.

Antes de comenzar a hablar, Antonio mira a los cerca de cincuenta asistentes a la charla (sólo dos o tres superan la treintena), y lo primero que hace es lanzar una pregunta al aire: “¿Cuántos de vosotros queréis ser corresponsales de guerra?”. Cuatro manos se alzan y el periodista sonríe, sabedor de que su trabajo es un sueño para casi todos los que comienzan a estudiar la carrera de periodismo. “Lo primero que quiero que sepáis”, prosigue, “es que lo que veis en televisión sobre las guerras es mentira, las guerras no son eso. Los medios de comunicación deciden qué tienes que ver y provocan que solo veas el 10% de lo que realmente es una guerra”. Cuenta que televisiones y diarios piden imágenes concretas, historias concretas a las que saben que pueden sacar una rentabilidad, pero que el resto no les interesa.

En ese momento, las luces del salón de actos de la Residencia se apagan y se proyecta un vídeo con imágenes de la primera línea de batalla siria grabadas por el propio periodista. Se ven disparos de manera casi incesante, los Kaláshnikov y los fusiles de asalto aparecen por doquier, acompañados de granadas y todo tipo de artefactos de guerra. Muchos de los que disparan lo hacen a cara descubierta, otros llevan la cabeza y el rostro tapado con un turbante. El que más llama la atención es un combatiente vestido de negro de la cabeza a los pies. La abertura que el turbante le deja en los ojos es suficientes para apuntar y disparar por los huecos de una pared. Una hora más tarde, Antonio nos dirá que este hombre es un miembro de Al Qaeda que ayuda a los rebeldes sirios.

“A las teles esto les encanta, les pone burrísimos”, explica el periodista al final del vídeo, que concluye con un las imágenes de gente sacando un cadáver por una ventana tras un combate. “Sólo se ven tiros, nada más”, cuenta, “llevo cinco semanas en Aleppo y este es el único muerto que he visto en el front line (primera línea de fuego)”. Antonio dice que en el front line desconecta de lo que ocurre en el resto del país. “Sabes que te pueden matar, pero te lo pasas relativamente bien. Hablas con los rebeldes y te dicen ¿Qué quieres grabar: granadas, Kaláshnikov? Y lo que tu digas, lo tiran”, comenta. Pero para él, es en las ciudades donde está el verdadero drama de Siria. Y también eso lo enseña con un vídeo.

Si el montaje de la primera pieza, cargada de tiros y acciones propias de una película bélica, tenía como banda sonora “Thunder Struck” de AC/DC, esta vez, una música de origen árabe dota al vídeo de un dramatismo angustioso. Las fotografías que aparecen en el vídeo reflejan el dolor por sí solas. Personas ensangrentadas, heridos en la calle, niños con miembros amputados,…Desolador. “Me fui al front line para huir de esto, porque esto es lo que ves allí todos los días. Pero esto nosotros no lo vemos. No tenemos ni puta idea de lo que está pasando en Siria”, concluye.

Rápidamente, la primera pregunta la lanza uno de los asistentes a la conferencia, que a partir de entonces se transforma en un diálogo continuo entre el auditorio y Antonio. “Pero, ¿por qué dices que no sabemos lo que está pasando en Siria?”, dice. El periodista responde que en los medios de comunicación no se ven estas fotos que él acaba de mostrar, que no se ve la cruda realidad de la guerra. “Solo sabemos lo que cuentan las agencias de prensa”, explica, “la mayoría de los medios de comunicación no mandan a nadie a Siria porque es muy caro”. Cuenta que únicamente el diario El País tiene personal trabajando sobre el terreno en el conflicto sirio, el resto prefiere pagar a las agencias por las informaciones. “Hay medios que trabajan desde Beirut o desde Turquía y cuando necesitan algo, tiran de agencia”, comenta Antonio. Dice que la razón por la que los medios no llevan a sus corresponsales a Siria es porque los gastos son muy numerosos: desde la comida hasta dormir en un lugar relativamente seguro. Su frase “La guerra es muy cara” se repite una y otra vez a lo largo de las casi dos horas que dura la charla.

Las agencias de prensa, evidentemente, necesitan de alguien que les proporcione sus noticias y en numerosas ocasiones compran información de freelances como Antonio. Unos de sus mejores clientes son las agencias France Press y Asociated Press (AP), dos pilares informativos globales en la actualidad. “¿Y por qué no vendes a medios españoles?”, pregunta uno de los asistentes. Antonio colabora actualmente con el diario El País, pero su opinión es muy crítica con los medios de comunicación nacionales. Dice que pagan poco, que una televisión en España puede pagar a 500€ por minuto una crónica enviada desde Siria, mientras que AP lo hace a 1500€. Lo mismo pasa con la prensa: un texto enviado desde Siria se paga a 50€ en España y a 200€ en un medio extranjero. Recuerda que se juega la vida estando allí y que los gastos de la guerra son muchos. “Yo gratis no trabajo”, recalca. Comenta, aún dolido, que intentó vender una crónica de su primer viaje a Siria a Antena 3 y que la jefa de la sección de internacional de la cadena le dijo que no compraba su trabajo porque podía obtener las mismas imágenes gratis a través de YouTube. Con sarcasmo, cuenta que vendió el material a Reuters por 1500€ y que Antena 3 acabó por comprar esas imágenes a la agencia.

“No me voy porque si lo hago nadie se enterará de lo que está pasando realmente en Siria, pero no trabajo gratis”, reitera. Una televisión iraní le ofreció un trabajo “y pagaban muy muy muy bien”, explica, pero rechazó el trabajo “porque a mí nadie me dice qué es lo que tengo que decir”. Cuando el público le aprieta y le pregunta la relación entre su negativa a trabajar sin cobrar y su argumento inicial del desconocimiento de la situación siria, Antonio se defiende diciendo que tiene un blog personal donde vuelca todas las informaciones que produce y no puede vender. “Las guerras son muy caras. Yo dormí durante varios días en un hospital recién bombardeado porque no me podía costear un hotel. Tenía chaleco protector de casualidad, porque me lo dio un compañero. Si a mí no me costase nada a la guerra, yo daría todas las informaciones gratis”, contesta.

Una nueva pregunta conduce la conversación hacia la experiencia del periodista en Siria y la situación del país en la actualidad. “He estado cinco veces en Afganistán y aquello era una broma comparado con Siria. Lo que yo me he encontrado allí no lo había visto nunca antes”, responde. Cuenta que un reportero de AP, que había estado en conflictos por medio mundo, tuvo que abandonar Siria porque no podía aguantar lo que estaba viendo allí. Para Antonio, la versión del Presidente de Siria, Bashar Al- Assad es mentira porque dice que prácticamente no hay militares entre los rebeldes sirios. “¿Qué guerra es esa?”, se pregunta, “en mis fotos solo hay dos soldados”. Para el periodista, el gran perjudicado del conflicto es una población civil que sufre los bombardeos del ejército del régimen de Al-Assad prácticamente a diario. “Es una masacre contra la población civil. Son tíos con un Kaláshnikov luchando contra el mejor armamento de Oriente Medio después de Israel”, opina. “Un día había tanta sangre en el suelo que no podías ni moverte. Otro día,  eran las 11 de la mañana y ya había 8 cadáveres en plena calle porque acababan de bombardear una panadería”, comenta. Esas imágenes no se publican en los medios, probablemente por su capacidad de herir la sensibilidad de los espectadores, pero Antonio recuerda que eso es lo que él ha visto, que esas cosas son las que pasan en una guerra.

En su opinión, el gobierno sirio bombardea a los civiles porque sabe que si ataca calle por calle, sus soldados se unirán al ejército rebelde. No cree en el poder de Naciones Unidas para intervenir o mediar en el conflicto. “La ONU se pasea por aquí y por allá en Damasco, pero yo no he visto ningún casco azul en Aleppo. 200.000 muertos entre Hutus y Tutsis en Ruanda con la mediación del entonces Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, ésa es mi creencia en la ONU”, afirma.

El llamado Efecto Dominó que podría producirse en Oriente Próximo si la comunidad internacional se decide a intervenir en Siria es fundamental para Antonio. “Nadie dice ni hace nada por miedo a una posible reacción de Irán”, comenta. “¿Y por qué Irán es tan importante?”, pregunta uno de los jóvenes entre el público. “¿Tú tienes coche? ¿Y tu coche funciona con gasolina? Pues por eso Irán es importante”, responde el periodista. Una intervención de la comunidad internacional podría desatar un ataque de Irán a los rebeldes sirios. Irán proporciona armamento y logística al régimen de Al-Assad, pero una intervención de las tropas iraníes, uno de los principales ejércitos de Oriente, podría resultar decisiva para el conflicto sirio y, a su vez, desencadenar una guerra abierta por toda la zona. “Esto no es Libia, donde todos estaban de acuerdo en su parte del pastel”, dice Antonio.

La situación geopolítica de Oriente Medio mezcla política, religión y dinero, mucho dinero. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no puede dictaminar una resolución favorable a la intervención militar en Siria debido al veto de China y Rusia, dos de los cinco miembros permanentes de este organismo, que tienen derecho a vetar las resoluciones. China y Rusia son aliados del régimen de Al-Assad, por lo que se oponen frontalmente a una intervención en la zona. Mientras tanto, Siria se enfrenta a una guerra civil entre suníes y chiíes, dos ramas del Islam. Los rebeldes pertenecen mayoritariamente a la primera facción, mientras que el régimen sirio es abiertamente chií, al igual que el establecido en Irán. El sunismo es el mayor grupo musulmán del mundo y está representado en países como Arabia Saudí o Catar, quienes, según Antonio Pampliega, apoyan abiertamente a los rebeldes en lo que él califica como una Guerra Fría dentro del mundo islámico.

Y aún por encima de la política internacional y de la religión se encuentra el negocio. “Una bala de Kaláshnikov en Siria vale 3 dólares. Antes de la guerra valía 10 centavos de dólar. Si un Kaláshnikov dispara 6000 balas al minuto, calcula el dinero que se llevan los fabricantes de estas armas, que son rusos”, explica Antonio. Pero los AK47 no son los únicos, los fusiles M16 que también se disparan en el conflicto son de fabricación americana. “Todos sacan su parte”, concluye el periodista.

La conversación vuelve a girar gracias a una nueva cuestión lanzada por el público. Otro joven inquieto que se revuelve en la silla le pregunta a Antonio cuáles son las diferencias que ha visto en Siria con respecto a otros conflictos como el de Afganistán. El periodista explica que la presencia de Estados Unidos marca una distancia abrumadora con respecto a Siria. “En Afganistán el ejército más poderoso del mundo lucha contra granjeros”, explica. Cuenta que las batallas cuerpo a cuerpo son prácticamente nulas, que los insurgentes saben que su potencial armamentístico es muy inferior al del ejército norteamericano. Antonio explica que los rebeldes afganos prefieren poner bombas de fabricación casera al paso de los convoyes estadounidenses, y que tras la detonación matan por emboscadas. “Su armamento es mucho peor que el norteamericano. El sur de Afganistán no tiene luz. La gente vive en casas de barro y se lavan en el río. ¿Qué hace Estados Unidos allí? ¿Esa gente tiró las Torres Gemelas?”, pregunta.

“Y entonces, ¿quién es Al Qaeda?”, responde alguien entre el auditorio. “Al Qaeda es un concepto”, explica Antonio. Cuenta que en sus viajes se ha encontrado a fanáticos que decían pertenecer a la banda terrorista, que buscaban la consecución de un califato islámico supranacional. Algunos, al conocer que Antonio es español le han llegado a asegurar que quieren recuperar Al-Andalus. También asegura que Al Qaeda apoya a los rebeldes sirios (Al Qaeda se encuadra en el sunismo, al igual que los rebeldes). “Algunos me preguntaban que por qué no estaban aquí las tropas de los países europeos para luchar contra Al-Assad. Yo no sabía qué responder. Luego me decían que no nos quejásemos cuando Siria apoyase a Al Qaeda, porque ahora son ellos los que les están ayudando”, asegura.

Controlar el miedo es fundamental en el trabajo de corresponsal de guerra, asegura Antonio. “Cuando voy al frente estoy acojonado. Vas por sitios oscuros y vacíos y solo escuchas tiros. Piensas: igual me están apuntando ahora con una mira telescópica”, explica. Pero eso no le impide hacer su trabajo. Cuenta historias de compañeros que tuvieron que abandonar el frente porque arriesgaban demasiado para conseguir las mejores imágenes, las mejores historias. “Entre nosotros nos ayudamos”, comenta. Pero el miedo siempre está ahí. “Lo primero que tienes que hacer al cubrir una guerra es asumir que puedes morir en cualquier momento”, dice. Y en muchas ocasiones, la suerte juega un papel fundamental. Los asistentes a la charla siguen con los ojos como platos hora y media después del comienzo, cuando Antonio explica cómo salvo la vida al rodear una casa que luego sería atacada en vez de entrar en ella para grabar unas imágenes.

Pero Antonio Pampliega dice que pese al miedo y a las crueles escenas que ha visto en Siria, sus viajes le han merecido la pena. Después de licenciarse en periodismo por la Universidad Europea de Madrid comenzó a trabajar en el diario AS, “pero solo llamaba a chavales para ver cómo habían quedado sus equipos y para eso no había estudiado periodismo”, cuenta. Viendo la televisión se encontró con una crónica desde Irak y dijo que él también quería hacer eso, que también quería ser reportero de guerra. Dijo adiós a sus padres y cogió un avión a Bagdad. Tenía 25 años.

Todo lo ocurrido desde entonces hasta 2010 lo cuenta en “Pagar por ir a la guerra”, su ahora célebre artículo publicado en El País. Le preguntamos que si no le parece irónico que sea precisamente ahora cuando comienza a cobrar por sus informaciones cuando se hace famoso su reportaje, justo cuando El País está inmerso en un ERE que mandará al paro a cientos de redactores. “Cuando lo publiqué, los compañeros de profesión me dijeron que era un llorón, que me quejaba demasiado”, comenta, “ahora alguien ha retuitedo el artículo y resulta que soy un gurú de la prensa y la gente me da palmaditas en la espalda”.

Miguel Veríssimo

@columnazero

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