ANÁLISIS FESTIVALES DE VERANO: PIN UP FEST

Una crónica y fotografías de Beni Díaz para ColumnaZero.
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Una crónica y fotografías de Beni Díaz para ColumnaZero.
Una crónica y fotografías de Benito Díaz para ColumnaZero.

Tormenta de Rock en el Pin Up Fest.

Son las once de la mañana y el Pin Up Festival Vol. 1 ya está en marcha en la playa de Oliva, Valencia. A esta hora, todo está listo y las personas responsables de la organización se preparan para acoger la primera parte del espectáculo. Tiene lugar en el chiringuito Melic, que aúna los espíritus de los locales Ca María y el antiguo Pin Up  para recoger el testigo del rocknroll a las orillas del mar, tras el cierre del establecimiento cuyo nombre lleva este certamen.

Descalzo en la arena todavía fresca, observo cómo MissGotelë (Clara Camarena) y Tacy (Marisa Trejo, hija) montan su tenderete de artesanía y textiles: dados transformados en pulseras, brazos de muñeca que son collares, las chicas atienden a niñas interesadas y a madres curiosas.

Melic (Foto: Benito Díaz)
Melic (Foto: Benito Díaz)

Suenan los Ventures sobre la una, hora en la que el público se apiña en el chiringuito en pos de una cerveza fría. El calor aprieta y Dj´s tales como Bjorn Borj (Borja Falgás) o Lewis PinUp (Manuel Claudio) pinchan música soul, garaje y rock. Los primeros bailes se ven sobre el suelo entablado. Surgen amores tempranos de carácter internacional. Playa y copas en la arena, niños nudistas bailotean a New Order.

Tras la tradicional paella y la siesta de preparación para lo que será el frenesí, nos desplazamos hasta la sala de fiestas del restaurante El Áncora. El cercano comedor alberga una sala amplia y de aspecto nuevo. Las pruebas de los grupos resuenan fuerte en sus paredes.

Tenemos a un maestro de ceremonias de excepción: nada menos que Mossén Bramit Morera sube al escenario con una gorra desproporcional y armado con un escapulario. Rocía a la primera fila mientras grita algo en valenciano, creo que relacionado con Chimo Bayo. Presentará a los grupos desde el estilo del frontman de Los Morts, algo que siempre es digno de ver.

El primer turno, siempre difícil, corresponde a Los Glurps. Sorprende su simpatía y preparación, ni siquiera pestañean cuando un nutrido grupo de chicas de despedida de soltera se hacen dueñas de la escena. Es más, cantan junto a ellas algunos temas del conjunto que viste a juego.

Ultrazorras se sobreponen a prejuicios y ofrecen notable espectáculo en el que suenan temas inolvidables como “Chorreando” y nuevos como “Ratas de local”, incluidos en su último disco que lleva el mismo nombre. Y es que a Ultrazorras hay que verlos por lo menos una vez en concierto para notar cómo nos empapa el rock desde los pies a la cabeza.

Pero yo estoy dando vueltas por el lugar. Incluye un jardín anexo donde mis tickets de bebida no conjuran una cerveza sobre la barra. Por suerte llevo una petaca de burbon que me ameniza la espera entre los conciertos. La gente que ha ido llegando por goteo confluye en las estancias mientras conversa y fuma pitillos. Encuentro a rockeros de aspecto feroz que parecen tener problemas para tragar el licor. Tras el concierto, me reúno con Isabel Agulló, cantante de Ultrazorras y con su grupo: ella se quedará un rato, pero el resto vuelve a Alicante. Le ofrezco la petaca pero dice que el whisky no es lo suyo. Me ofrece su disco por un precio irrisorio. Lo firma y, no sin esfuerzo, jode por completo la funda de plástico que lo envuelve. Han sido los nervios, me dice entre risas.

El grupo Mamones hace recordatorio de los temas y versiones propias de la mítica banda neoyorkina en el escenario. Su buen hacer caldea el ambiente en la pista. No son ni las diez de la noche y la temperatura ya es alta.

Es partir de la actuación de Wau y los Arrrghs! cuando los recuerdos se vuelven confusos. La banda capitaneada por el incombustible Juanito Wau reúne entre el público a un nutrido y variopinto grupo de personas. Brazos tatuados, piercings de colores chillones, chicas de flequillos rebeldes y mirada lánguida, hombres fornidos, gordos y de malas dentaduras, vuelan por los malditos aires en bailes furiosos mientras el centro de la pista se convierte en humeante horno humano. Veo a compañeros girando vertiginosamente, torrentes de sudor y alcohol, llevados en volandas por brazos desconocidos, saltando como reptiles con la mirada perdida, chillando como demonios entre actos que serían condenados como brujería por cualquier indignado tribunal de la inquisición. Un arrebato en el que nos sumergen unas canciones que, según me dice Juanito son “para sudar, hacer el mono y que luego te entren ganas de follar con la pareja”.

Wau y los Arrrg (Foto: Benito Díaz)
Wau y los Arrrghs (Foto: Benito Díaz)

 

Algunos huesos rotos después, el Mossén presenta el siguiente asalto. Su vestuario es exagerado y cambiante, como si un camaleón noctámbulo y alucinado leyese una publicación en papel sobre Rocknroll superviviente de los años 70. Antes de la función, logro conversar con Rogelio, vocalista y guitarra de Aullido Atómico (y líder multimillonario de la One man band Tumbaswing, para más señas) y su bajista, Jorge Parras. Nuestra charla sobre guitarras eléctricas y música revela un gran conocimiento sobre los temas. Dejan al descubierto sus opiniones sobre la escena underground valenciana, su capacidad creativa y los mensajes sociales que aguardan en sus letras. En cierta manera, su actitud representa la conciencia colectiva de todos los lobos lisérgicos de ojos como ascuas radioactivas que se amagan entre la oscuridad de los arbustos de ésta, la comunidad de las palmeras.

Aullido Atómico (Foto Beni Díaz)
Aullido Atómico (Foto Benito Díaz)

Afuera refresca ligeramente mientras la madrugada avanza. Algunos coches de policía revolotean alrededor del recinto, quizá dando peso a algunos rumores. Por lo que me dice la organización, ni un solo intoxicado o reyerta.

Mis amigos se niegan a seguir surtiéndome de tabaco. Es el momento en el que “Ukelele Zombies” sube al escenario. Presentan su disco “Guou Lleah” que editaron junto al sello Pocket´s Robots Records, el año 2013. Mientas los ritmos del conjunto resuenan en la sala, noto en qué grado mi cerebro se ha convertido en densa papilla de uva que gotea hasta hacer un charco a mis pies, que se agitan desacompasadamente siguiendo las letras aceleradas. En la plataforma, Palmero le zumba a la batería sin piedad.

El público vuelve a por su última ración de la noche. Help Me Devil sube al tablao con Devil Juancar a la cabeza. Van armados con sus míticos instrumentos y una miríada de pedaleras, capaces de inundar nuestros oídos con la métrica del Delta. Los madrileños no han perdido ni un ápice calidad rock-sureña, esta vez tocados con sombrero de cowboy como el de Chicken Mario, el bajista.

Help me Devil cerraron el evento. (Foto: Benito Díaz)
Help me Devil cerró el evento. (Foto: Benito Díaz)

Los acordes se quedan atrás. 400 almas intoxicadas de rocknroll. El Mossén exhibe un misterioso cartel en el que se lee “Pin Up Fest Vol. 2: 2015” Más que a promesa, suena a amenaza: indicios que advierten de la repetición de uno de los mejores espectáculos que La Safor ha visto en los últimos diez años.

Benito Díaz (@Bchdiaz)

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