AMERICAN GODS, NO APTA PARA ESTÓMAGOS DELICADOS

Un artículo de Javier Ateca para ColumnaZero.
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Precedida de grandes elogios, con mucha expectación y con la etiqueta de ser la más esperada de la temporada, el estreno de American Gods ha desatado opiniones encontradas, pero lo que nadie puede poner en duda, es que se trata de la serie más compleja, arriesgada y visualmente fascinante, del año.

Opinar sobre una serie de la que solo se ha visto el primer episodio es casi una temeridad. Si además, su estreno viene precedido de una campaña en la que de forma casi unánime, se habla ya de una serie de culto, la cosa se complica aún más por la presión que eso supone. Y si encima, la novela en la que se basa es considerada una joya de la literatura millenial con una legión de seguidores implacables, a uno le dan ganas de dejarlo y ponerse a escribir sobre Ana de las tejas verdes, que, por cierto, vuelve gracias a Netflix.

Pero aquí estamos, poniéndonos la tele por montera y dando nuestra opinión, humilde, por supuesto, de la nueva ficción del canal Starz disponible en Amazon Prime Video. Para empezar, decir que, tras ver ese primer episodio, la conclusión es que uno no tiene ni la más remota idea de qué va. Complicado escribir una sinopsis. Como no he leído el libro, estoy a expensas de lo que este episodio me ofrece, y trama, lo que se dice trama, hay poca, y lo poco, es confuso En circunstancias normales, sería una serie fallida, pero curiosamente, hay algo en esta ficción que hipnotiza hasta el punto de no querer pestañear para no perderse nada. Por concretar, es fácil que a uno le venga la palabra onírica, y viendo su significado, es más que acertado. El onirismo es “una actividad mental que se manifiesta en un síndrome de confusión que está especialmente caracterizado por alucinaciones visuales, que pueden indicar una disolución parcial o completa con la consciencia o la realidad”. Esto es American Gods.

AMERICAN GODS, NO APTA PARA ESTÓMAGOS DELICADOS

Guste o no, visualmente, American Gods es lo más potente que se ha visto en televisión desde hace muchos años. Su sucesión de imágenes violentas, delirantes, sangrientas, sexuales, hacen que su arriesgada estética se convierta en algo bellísimo. Y uno se asusta al preguntarse cuándo el gore ha tenido algo de bello. Como no queremos hacer ningún spoiler, simplemente para los que se atrevan con ella, que no pierdan detalle del inicio y final de capítulo. Todo un derroche de…

American Gods quiere ser una serie que entre por los ojos (nunca mejor dicho…cuando la veas, lo entenderás). Es decir, que, si le quitas el sonido, es posible que entiendas lo mismo que si escuchas sus diálogos, aunque no se si esto es una cualidad o un defecto. La serie encadena secuencias en las que es fácil apartar la mirada de la pantalla por su brutalidad, pero posiblemente, esa exageración en mostrarlas, el uso de la cámara lenta, el perfecto estilismo, y su cuidadísima fotografía, hacen que podamos mirar e incluso, admirar lo que vemos. Si encima, está envuelto de una banda sonora compuesta por Brian Reitzell, un compositor atípico al que le gusta experimentar, el resultado es hipnótico. Reitzell es responsable de las bandas sonoras de Sofía Coppola, lo que ya da una pista de sus creaciones, pero aquí, se desborda, como todo en esta serie, y lo clava.

Para comprender más de lo que para algunos puede ser un despropósito, y para otros, una serie de culto, es necesario entender que la serie está creada por Brian Fuller, un guionista y productor muy especial, de eso que los críticos dirían “con un universo propio”. Y vaya si lo tiene. Llamó la atención con la delirante Criando malvas. Quienes la vieron, empezarán a entender cómo se las gasta el hombre. La serie Hannibal le consagró y le hizo aún más acreedor de esa etiqueta de “universo propio”. Era capaz de crear belleza en la cena que Hannibal Lecter cocinaba para sus invitados, aunque el espectador supiera que lo que se estaban comiendo era el muslo…de un ser humano. Pura magia. American Gods tiene su marca, pero elevada a la máxima potencia.

AMERICAN GODS, NO APTA PARA ESTÓMAGOS DELICADOS

American Gods es un festival de violencia extrema, incómoda, con secuencias llenas de brutalidad, de sangre, que esquivan la etiqueta de gratuitas, porque sin ellas, la historia probablemente, dejaría de interesar. En este punto, uno se cuestiona entonces la importancia del guion, pero esto es la televisión, y aquí la imagen, es tan fundamental como lo que nos quieren contar. O por decirlo de otra forma, lo que nos quieren contar solo puede hacerse a través de esas imágenes que no dejan de ser un puñetazo en el estómago que busca nuestra reacción, ya sea de aprobación o no, pero, reacción, al fin y al cabo. Hablamos de imágenes, con sobredosis de colores, vivos, muy vivos, en plan tecnicolor, pero los diálogos no se quedan atrás. Directos como pocas veces se han escuchado en la televisión. Quizá en el cine para adultos.

Sobre el reparto, destacar a uno de esos actores brillantes que aportan no solo prestigio, sino autoridad y credibilidad. Ian McShane inyecta toda la verdad necesaria para un personaje que dará muchas sorpresas. Junto a él, otro actor británico, con muchas posibilidades, Ricky Whittle, entre ellas su increíble físico, y, Pablo Schreiber, a quien muchos descubrieron en Orange is the new black, donde daba vida al corrupto George Mendez.

Estamos, por tanto, ante una de las series más complejas del año, de esas que o se ama o se odia, pero de la que esperamos ver más para dar un veredicto justo. De momento, le damos un sobresaliente por su transgresión, por ser una apuesta arriesgada, no apta para estómagos delicados, pero a la que habrá que poner en cuarentena a la espera de ver el resto de sus inquietantes pero irresistibles episodios.

Javier Ateca

@columnazero

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