ACCIDENTE INDUSTRIAL DE BHOPAL: LAS SECUELAS

Un artículo de Irene Quirante Reyes para ColumnaZero.
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Un artículo de Irene Quirante Reyes para ColumnaZero.
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Han pasado 29 años desde la fatídica madrugada del 2 de diciembre de 1984 en la que una fuga mortífera de gas maldijo la ciudad de Bhopal. La noche del escape fallecieron miles de personas en las calles, huyendo en estampida de la confusión, envenenadas por el aire. En la atmósfera se filtraron accidentalmente 40 toneladas de isocianato de metilo, desde la fábrica de la compañía estadounidense Union Carbide, arrasando con los ojos y los pulmones de los lugareños. Los centros de salud estaban desbordados y sin capacidad para ayudar de forma eficaz a la población.

El peor accidente industrial de la historia fue causado por una cadena de fallos de la defectuosa fábrica. Los trabajadores que estuvieron en la planta la noche de la catástrofe en un principio no dieron importancia a la fuga de gas, estaban acostumbrados a convivir con miles de sustancias tóxicas y eran habituales los escapes de gas menores con efectos asfixiantes. No está de más mencionar que la planta apenas producía ventas, por lo que los directivos de entonces acordaron reducir gastos disminuyendo las medidas en seguridad.

Aunque el gobierno de la India apuntó que han fallecido 3.500 personas como consecuencia de la fuga, varias organizaciones ascienden la cifra a 25.000 muertes entre esa noche y los años posteriores, por no hablar de las víctimas afectadas con secuelas graves que superan las 100.000.

Tras la masacre, Union Carbide abandonó la fábrica sin llevar a cabo ninguna tarea de limpieza. En el presente, unas 40.000 personas viven en las proximidades del esqueleto de la antigua fábrica, expuestas a una toxicidad crónica que se ha filtrado en el terreno y en el agua de la que beben y se alimentan.

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Largo proceso de impunidad

El presidente de la factoría cuando ocurrió el accidente era Warren Anderson. Fue detenido el 4 de diciembre de 1984, y tras el pago de una fianza de 1.672 euros fue puesto en libertad el mismo día. Después huyó de la India. En febrero del 1985 el Gobierno indio exigió 3.300 millones de dólares a Union Carbide ante la justicia norteamericana. Pero, en el 89, la reclamación acabó en un pacto extrajudicial con la propia empresa, en el que se acordó que Union Carbide indemnizaría a las víctimas abonando 393 millones de euros (parte de los cuales no llegó a los afectados hasta tres años después, habiendo muchas denuncias de que el dinero llegó incompleto o directamente nunca llegó).

En 1992 la justicia india declaró prófugo a Anderson. Once años después, el Gobierno indio solicitó al norteamericano la extradición del empresario. EEUU se pronunció en 2004 negándose a ceder ante la petición, escudándose en la “falta de pruebas”. Así fue como, sin más, Anderson quedó exento de responder ante cualquier responsabilidad por la fuga del gas letal.

El desastre de Bhopal es un caso que, casi treinta años después, continúa repleto de impunidad, de víctimas y de muertes. En 2001 la compañía estadunidense Down Chemical compró Union Carbide, dificultando aún más precisar la responsabilidad de los culpables. Down Chemical rechaza hacerse responsable de eliminar los residuos tóxicos de la plata abandonada, y elude afrontar cualquier tipo de responsabilidad que guarde relación con la masacre que se vivió, y que sigue condenando la salud de la ciudad de la India Central.

Un tribunal de Bhopal sentenció en 2010 a ocho de los entonces empleados de la fábrica por negligencias a 2 años de cárcel y a abonar 1.774 euros. No tardaron en pagar la fianza y en volver a quedar en libertad. También castigó a la empresa con una multa de 8.870 euros. En el veredicto no se menciona a ninguno de los directivos extranjeros, que están agrupados en otro juicio paralelo.

Tras conocerse la sentencia, el diario El País recogió algunas declaraciones de Rachna Dhingra, la representante de las víctimas que se mantiene al frente de la Campaña Internacional de Justicia en Bhopal: «Tan tarde y sin impartir justicia: es una traición del Gobierno para la gente de India. La indemnización impuesta a la compañía es vergonzosa, teniendo en cuenta el daño causado. Por si fuera poco, sienta un precedente terrible”. Lúcidamente, la activista manifestó su malestar por cómo ha concluido ante los tribunales el caso de Bhopal: «Este es un mensaje a las grandes corporaciones de que pueden matar a miles de personas, dejar afectadas de por vida a miles más y contaminar el agua de una población entera y no van a tener responsabilidades”.

ACCIDENTE INDUSTRIAL DE BHOPAL: LAS SECUELAS

Toxicidad crónica y más secuelas

Ocurrida la tragedia, la fábrica de pesticidas de Union Carbide cerró sus puertas para siempre. Según la agencia Reuters, en las inmediaciones de la fábrica abandonada existen alrededor de 340 toneladas métricas de residuos químicos. El director de la sede en Nueva Delhi del Centro de Ciencia y Medio Ambiente (CES), Sunita Narai, asegura que la fábrica ha provocado una toxicidad crónica que se ha filtrado al exterior “y que supone una continua exposición mínima que lleva al envenenamiento de los cuerpos”.

El informe del CES reveló que las muestras de las zonas próximas a la factoría contienen benceno tratados con cloro y pesticidas organoclorados, en niveles 561 veces  superiores a los que se permiten. El gobierno indio niega esta contaminación, dando la espalda una vez más a las víctimas de la tragedia industrial.

A punto de cumplir las tres décadas del accidente, más de 100.000 personas siguen padeciendo serios problemas de salud, según confirman varias organizaciones y autoridades médicas. Algunos de los síntomas físicos que persisten son cáncer, ceguera, trastornos neurológicos e inmunológicos, dificultades respiratorias, problemas reproductivos femeninos y defectos de nacimiento en los hijos de mujeres afectadas. El Gobierno no reconoce como víctimas a los niños que están naciendo enfermos, por lo que no reciben ninguna ayuda oficial. El desastre continúa muy presente en Bhopal, perpetuándose en las nuevas generaciones, como si de una maldición irreversible se tratara.

Irene Quirante Reyes

 

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