5 ETAPAS CLAVE EN LA CARRERA DE MICHAEL JORDAN

Un artículo de Sergio del Pino para ColumnaZero.
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El 17 de febrero de 1963, en el extremo más occidental de Long Island, en el neoyorquino barrio de Brooklyn, veía por primera vez la luz un niño, hijo de James y Deloris Jordan, llamado a convertirse en el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos: Michael Jeffrey Jordan.

En su primer año de instituto, en el Emsley A. Laney de Wilmington, ciudad a la que se mudó junto a su familia con 7 años, Michael fue excluido del primer equipo, lo que supuso un duro golpe para el escolta que casi lo llevó a abandonar el baloncesto. A pesar del palo que fue para él tener que jugar en el equipo “B” del instituto, allí disfrutó de muchos minutos y pudo pulir su juego, convirtiéndose en el líder de aquel varsity team. El puesto, en una plantilla cerrada con jugadores mayores que él, lo ocupó Leroy Smith, un pívot más alto y fuerte que un Jordan que esperó a verano para dar el estirón: creció 10 centímetros y la siguiente temporada no solo se hizo un hueco, sino que se convirtió en el mejor jugador del equipo. Durante años, utilizó el pseudónimo Leroy Smith para registrarse en los hoteles.

En 1981, al joven Jordan le concedieron una beca para jugar en la Universidad de Carolina del Norte, y en 1982, entrenado por el legendario Dean Smith, y compartiendo vestuario con el aquel entonces líder de los Tar Heels (su equipo), James Worthy, ya había ganado su primer título. En esa final, ante los chicos del Georgetown Hoyas, donde militaba el gigante Patrick Ewing, conquistó la NCAA elevándose sobre el parqué a escasos segundos del final para anotar dos puntos en suspensión. Aun nadie lo sabía, pero había comenzado el legado de Michael Jordan.

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En 1984, cuando todavía era universitario tuvo la oportunidad de disputar los Juegos Olímpicos de Los Ángeles con la selección de su país, ya que en aquella época no iban jugadores profesionales. EE.UU ganó el oro contra la España de Iturriaga y Romay de forma contundente (95-65) y sin ceder un solo partido.

Primeros años en la NBA.

El draft del 84 será recordado en Portland durante décadas, y no precisamente por lo afortunado de su elección, sino por una de las mayores pifias en la historia de los drafts. Houston, que eligió a Hakeem Olajuwon para formar un portentoso tándem interior junto a Ralph Sampson, dio la posibilidad a los Trail Blazers de hacerse con los servicios del joven de Brooklyn, pero eligieron en su lugar a Sam Bowie. Así, Chicago Bulls, aunque con pocas expectativas puestas en él, lo eligió en el tercer turno: “Jordan no va a cambiar el rumbo de esta franquicia y tampoco se lo vamos a pedir”, declaró Rod Thorn, General Manager de los Bulls por aquel entonces. Lo que no sabía era hasta qué punto estaba equivocado. Ese año, con unos números impresionantes para un novato, se convirtió en rookie del año y disputó su primer All-Star como titular.

Sin embargo no todo fue de color de rosa durante sus primeros pasos en la NBA. El 29 de octubre de 1985, Jordan sufre una mala caída tras una internada fallida entre la defensa de Golden State Warriors, fracturándose un dedo de su pie derecho. La lesión lo apartó de las pistas y lo llevó a perderse 64 partidos. Al final de la liga regular, Chicago consiguió clasificarse para los Playofffs a pesar del desastroso récord de 30-52 de aquella temporada. Allí los esperaban los Boston Celtics de Larry Bird.

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Aquella fase final no fue sino la continuación de la pésima campaña que habían firmado los de Chicago y fueron eliminado por 3-0 en primera ronda. Sin embargo, el segundo partido de la serie, disputado sobre el particular parqué del Boston Garden, pasó a la historia del baloncesto como el día en que la magia de Jordan hipnotizó al mundo, incluida la estrella de aquellos imparables Celtics. Al final del partido, tras dos prórrogas y la derrota de los Bulls, aun intentando asimilar la exhibición que Michael Jordan había regalado a los aficionados al baloncesto en forma de 63 puntos, máxima anotación en la historia de unos Playoffs, el líder de los Celtics afirmó “I think it’s just God disguised as Michael Jordan” (creo que era Dios disfrazado de Michael Jordan).

“The Shot” y los “70 puntos”.

A pesar de las maravillas de las que el 23 de Chicago era capaz, el primer anillo tuvo que esperar. Durante tres años consecutivos, los Detroit Pistons, que incluso llegaron a diseñar una defensa con el único objetivo de frenar a Jordan, acabaron con las opciones de los Bulls en la lucha por el título. Sin embargo, la leyenda seguía escribiendo su nombre a fuego en la historia del baloncesto, firmando registros estratosféricos, dejando imágenes grabadas en las retinas de medio mundo (como su mítico vuelo desde la línea de tiro libre en el que se considera el mejor concurso de mates de la historia de la NBA frente a Dominique Wilkins), y ganando su primer MVP en la temporada 1987-88.

Bien sabe Craig Ehlo, escolta de los Cleveland Cavaliers, a qué nos referimos. En la 89-90 fue espectador de lujo de aquella suspensión, bautizada como “The Shot”, en la que Jordan desafió la Ley de la Gravedad y levitó durante varios segundos que parecieron interminables, esperando a que Ehlo pasara de largo quedando así libre el camino hacia la canasta. Un tiro que sirvió para pasar de ronda en los Playoffs y con el que Michael firmó 44 puntos, 9 rebotes y 6 asistencias. La temporada siguiente, durante un partido de la liga regular, Craig Elho volvió a defender al escolta de Chicago y asisitió, de nuevo en primera persona, a la consecución del mejor registro anotador y reboteador de la carrera de Michael: 69 puntos y 18 rebotes. Stacy King, pívot suplente de los Bulls dijo: “siempre recordaré esa noche en la que Mike y yo nos compenetramos para meter 70 puntos entre ambos”. Aquella noche, King solo había encestado un tiro libre.

El primero anillo. Y el segundo y el tercero.

Acompañado por el fiel Scottie Pippen y tras ganar el segundo MVP, Jordan logró su primer anillo el 12 de junio de 1991, después de barrer en la conferencia a aquellos Pistons que tantas fiestas le aguaron. En la final se enfrentaron a los Lakers del mítico Magic Johnson venciendo en 5 partidos y acabando la fase final con un espectacular 15-2. Michael Jordan lloró bañado en champán y entre los gritos de celebración de sus compañeros. Aquel día, se hizo con su primer MVP de las finales y dio a la franquicia de Chicago su primer anillo. El primero de tres consecutivos. El que suponía el mayor premio al esfuerzo y la constancia que había demostrado durante sus años de carrera. Y todo aquello no había hecho más que empezar.

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En 1992 los Bulls repiten hazaña y Jordan vuelve a demostrar su grandeza con una actuación para la posteridad. En el primer encuentro de la final que enfrentaba a Chicago contra los Blazers de Clyde Drexler, el escolta sumaba 6 triples al descanso. Al encestar el último miró a su banquillo encogiéndose de hombros, un gesto que vino a decir algo así como “qué culpa tendré yo de ser tan bueno” y que, como otros tantos de la estrella de Chicago, quedó guardado en la galería de la NBA. Aquel año ganó su segundo anillo y su segundo MVP de las finales. La leyenda continuaba.

La siguiente campaña Charles Barkley le arrebató el MVP de la temporada regular, pero no pudo tumbar a Jordan en las finales y Phoenix se tuvo que conformar con ver cómo los Bulls conseguían el primer three-peat (tres anillos consecutivos) de su historia. Además, el 23 de Chicago bordó su nombre en letras doradas en los anales de la NBA ganando, por tercera vez consecutiva, el MVP de las finales, algo que no se repetiría hasta 2002, cuando Shaquille O’Neal igualó la proeza con los Lakers.

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La retirada, aunque no por mucho tiempo.

El 23 de julio del 93 fue un día negro para Michael Jordan. Su padre, James Jordan, fue asesinado en un área de descanso de una autopista y la noticia fue el detonante que lo llevó a tomar la decisión. No obstante, se rumoreaba que pensó en retirarse antes de los JJ.OO de Barcelona 92 donde, por cierto, también ganó el oro jugando con el legendario Dream Team.

Tras anunciar su retirada probó suerte con el beisbol en los White Sox de Chicago,  pero no tardó en dejarlo. Algo en su interior debía empujarlo a volver a su hábitat natural,  a los grandes escenarios del básquet americano. El 18 de marzo de 1995, con una escueta nota de prensa que rezaba, simplemente, “I’m back” (he vuelto), anunciaba su vuelta al baloncesto. Y de qué manera. A los 10 días de su vuelta, con el 45 a la espalda y tras un largo periodo sin jugar, endosó 55 puntos a los New York Knicks, nada menos que en el Madison Square Garden. Sin embargo, aquel año Chicago cayó eliminado de los Playoffs tras dos pérdidas de Jordan en instantes decisivos.

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Después de las críticas recibidas tras la debacle de la pasada temporada, volvió a lucir el 23 en la espalda. En la 95-96 Chicago volvió a brillar y acabó con un total de 72-10 al final de la liga regular, el mejor registro de la historia de la NBA hasta la fecha. Jordan había vuelto y lo demostró ganando otro MVP. Aquel año, el estrafalario Dennis Rodman fue pieza clave para vencer en la final de los Playoffs a los Seattle Supersonics, que liderados por Gary Payton y Shawn Kemp plantaron cara a los Bulls de estrellas como Jordan, Pippen y Williams. Michael se alzó con su cuarto MVP de las finales y superó a Magic. Chicago, de nuevo con un inspirado 23 a la cabeza, había vuelto para quedarse.

El segundo three-peat y el fin de una era.

Tras los brutales registros conseguidos la temporada anterior, mantener el nivel era una tarea harto complicada. Aun así, la 96-97 fue otra de las grandes para la historia de la franquicia.

Aquella campaña el imponente Karl Malone le arrebató el MVP de la liga regular, pero Jordan tuvo la oportunidad de resarcirse en las finales de la NBA. En aquella ocasión la amenaza era el dúo formado por Malone y el base de los Utah Jazz, el espectacular pasador John Stockton. Con la serie 3-2 a favor de Chicago, Jordan, que llevaba 39 puntos y 11 rebotes, acaparó la defensa para dar su cuarta asistencia en un momento crucial, dejando completamente solo a Steve Kerr, a quien pasó la pelota para que, libre de marca, anotara el tiro decisivo y alzara a los Bulls con su quinto anillo. Esa noche Jordan recibió otro MVP de las finales.

La temporada siguiente Jordan vuelve a las andadas y reconquista el MVP de la liga antes de clasificarse de nuevo para la final de los Playoffs, donde Utah volvía con más fuerza que el año anterior y la motivación extra de haber conseguido el mejor record de la temporada, además de la búsqueda de revancha tras la derrota de la final de 1997.

5 ETAPAS CLAVE EN LA CARRERA DE MICHAEL JORDAN

Chicago llega al Delta Center para disputar el sexto partido de la serie con 3-2 a su favor. Quedan unos 40 segundos por jugar y los Bulls de Phil Jackson van 3 abajo en el marcador. Jordan rubrica una entrada a canasta marca de la casa y acorta distancias. En la siguiente jugada Utah busca a su jugador franquicia y Malone recibe en el poste bajo para alargar la posesión. Pero todo cambia cuando el escolta de Chicago llega por detrás, roba la pelota y calma el juego a falta de 18 para el final.  Michael Jordan ataca el aro y el pabellón enmudece, finta y se deshace de un Bryon Russell que acaba deslizándose por el parqué. El 23 se eleva desde 6 metros y tira completamente solo. La imagen de Jordan en el aire, con la muñeca flexionada, da la vuelta al mundo. Es su última canasta con la camiseta de Chicago. Es la imagen de un tiro que valió el sexto anillo de su carrera, el sexto MVP de las finales, y el sexto y último título de la NBA para los Chicago Bulls. La televisión, en medio del alboroto y la celebración de los jugadores sobre la pista, consigue inmortalizar el grito de Kerr: “You’re fucking unvelievable!”. Y así fue Michael Jordan, jodidamente increíble.

Sergio del Pino

@ser_delpino

1 Comentario

  1. Pasas por la carrera de Jordan con unas letras estupendas… Muy bien tu aporte hacia este espectacular basketbolista. Gracias!

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