20D(III): EL CAMBIO LLEGA AL CONGRESO

Un artículo de Cenzo A.de Haro para ColumnaZero.
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Un artículo de Cenzo A.de Haro para ColumnaZero.
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Podemos y Ciudadanos, dos fuerzas políticas recién llegadas, obtienen 109 escaños en el Congreso mientras PP y PSOE sacan los peores resultados de su historia.

Con las pasadas elecciones autonómicas y municipales, y Podemos y Ciudadanos entrando en numerosos ayuntamientos y parlamentos, era predecible un cambio en la estructura electoral donde el gobierno de la nación ya no fuera disputado por dos partidos sino que los cuatro podrían acudir a las urnas prácticamente con las mismas probabilidades de éxito. Las elecciones de ayer, y contra la sondeomanía, sumaron un episodio más a ese escenario de futuro posible donde formar gobierno dependerá de llegar a acuerdos interpartidistas donde dos bloques sumen poco más del 50% de votos. La realidad tras el escrutinio es que, salvo la concentración PP-PSOE, ni la suma liderada por el PP desde la derecha –PP y Ciudadanos- ni un acuerdo de izquierdas entre PSOE y Podemos –ni con IU- llegan a la mayoría absoluta.

Mientras políticos y periodistas sacan la calculadora, se hacen cruces por la futura investidura y miden los resultados con otras fórmulas para convertir votos en escaños señalando que si Podemos e IU hubiesen ido en una lista conjunta sería posible un gobierno de coalición de izquierdas, se deja pasar por alto algunos indicadores que nos explican la envergadura del cambio.

El bipartidismo ya no depende de sí mismo     

Fue la alarmante noticia de las europeas de 2014: el bipartidismo cae. La pregunta era si en unas elecciones de mayor relevancia como las generales, la distribución de voto recuperaría las cantidades de 2011 –donde la mayoría absoluta de Rajoy y el descalabro del PSOE no dejó ver la desafección que ya se reflejaba en las municipales con una bajada de casi 20 puntos de apoyo-. La respuesta es que, en escaños y en porcentaje de voto válido, el bipartidismo continua en los márgenes que las europeas nos mostraron, con un PP que no recupera sus cuatro millones de votos perdidos y un PSOE con un target de votantes azotado.

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Ante la difícil configuración del gobierno, la cuestión que se presenta ahora es en cuánto puede afectar el resultado electoral a los futuros resultados electorales, si el bipartidismo recuperará fuerza o serán los nuevos quienes reafirmen su llegada al Congreso. Lo que no se puede negar es lo mucho que ha cambiado el mapa en estos últimos dos años, y en cuanto a eso las circunscripciones tienen mucho que decir.

Pérdida de fuerza de todos los partidos mayoritarios en los distritos

Lo primero que no hay que olvidar, aunque los sondeos predijeran mayor apoyo a Podemos y a Ciudadanos, es que ambas formaciones políticas pasan de 0 a 109 escaños. Su entrada en el Congreso ha sido posible en cuanto ha afectado por igual a todos los partidos mayoritarios en sus circunscripciones electorales.

Suele decirse que las elecciones generales no es una sino cincuenta. La ley electoral vigente y el sistema de Hondt provoca, además de que el análisis de los resultados sea siempre complejo, que la representación final en escaños favorezca al partido ganador en cada circunscripción por separado sin que el voto total estatal se tenga en cuenta. Eso ha afectado enormemente, como sabemos, a partidos muy extendidos en el territorio pero no mayoritarios en los distritos como IU o UPyD; pero también ha sacado a relucir, en estas elecciones en concreto, que la penetración de Podemos y Ciudadanos en todo el territorio ha afectado a aquellos partidos mayoritarios y exclusivos para algunos distritos, como CiU –Democràcia i Llibertat-, PNV o EH Bildu, por ejemplo.

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Sobre todo ha sido Podemos el culpable del descenso de votos de los nacionalistas, seguramente por un discurso territorial de integración en términos estatales; pero lo que deja a relucir es un cambio profundo en la configuración de pactos tradicionales, donde un partido de ámbito estatal negociaba con un partido de presencia regional. La lectura que debe de sacarse de estos resultados es que en 2015, con las propuestas de referéndums y procesos constituyentes en Catalunya y Euskadi, contando con la creación de En Marea y la desaparición del BNG, es que estos territorios han votado en las Generales en un lenguaje de Estado. No se debería de dejar pasar por alto este mensaje.

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La estructura territorial del voto: gran indicador de cambio

Los distritos electorales, con la ley y el sistema que tenemos, no son proporcionales. 26 de los 50 que existen distribuyen menos de 7 escaños cada uno, y esa representación ha sido siempre mayoritaria. El electorado allí, además, ha votado siempre con lógica bipartidista y le ha solido dar la victoria al partido que ocupara el gobierno. Si existe un indicador que nos ayude a afirmar que existe algún nivel de cambio profundo en la estructura electoral es cuando esas provincias se mueven, cuando cambian de color y varían su comportamiento.

Como vemos en el mapa mostrado en el apartado anterior y tal cual hemos comentado, Podemos ha sido mayoría en distritos hegemónicamente nacionalistas mientras que el PSOE ha recuperado territorios históricamente socialistas. Esto ya es un cambio de por sí, pero sólo indica un cambio de siglas. Lo que estas generales de 2015 nos están diciendo es que a nivel territorial ya nada va a ser como antes. Hay un cambio real, drástico y profundo, en los distritos más pequeños, ese voto “rural” de tan difícil acceso para los nuevos y que finalmente ha afectado al éxito de su representación en el Congreso.

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Acabaríamos antes enumerando las circunscripciones que siguen votando con lógica bipartidista a decir aquéllas donde los nuevos partidos han entrado. Ávila, Cáceres, Ciudad Real, Cuenca, Jaén, Segovia, Soria, Teruel y Zamora continúan enviando a Madrid diputados únicamente de PP y PSOE, todas de mayoría popular menos Jaén –que vuelve a ser de mayoría socialista- y Cáceres y Soria donde PP y PSOE empatan en escaños. Hay que sumar Ceuta y Melilla que ofrecen un escaño –popular- cada una.

Se ha pasado de 26 a 11 distritos bipartidistas, e incluso estudiando esos 11 se puede apreciar un descenso importante de votos a los partidos tradicionales; pero el cambio no ha sido por igual hacia el PP que hacia el PSOE. El PP ha sido el partido más perjudicado en estas 15 circunscripciones que aportan nuevos escaños al Congreso, mientras que el PSOE, por tónica general, o se mantiene o gana, en el caso de Badajoz, escaños. En Alicante el PP pierde 5 escaños mientras el PSOE conserva los 4 que tenía. En Murcia el PP pierde 3 y el PSOE se mantiene. En Almería y Málaga el PP pierde 2 afectando en este último distrito a IU quien pierde el diputado que tenía. En Badajoz el PSOE gana 1 y el PP pierde 2. En Cádiz el PP pierde 2, el PSOE se mantiene y Podemos se lleva el escaño que le ha sumado el censo al distrito este año. En Cantabria y Toledo el PP pierde 2 y el PSOE se mantiene. En Burgos, Huelva, Huesca, La Rioja, Lugo, Orense y Salamanca el PP pierde uno y el PSOE se mantiene. En Castellón, Córdoba, Granada, León y Valladolid pierden ambos.

Cambio de ciclo político

En las pasadas elecciones europeas, autonómicas y municipales ya se apuntaba que pudiera estarse produciendo un cambio de ciclo por cambios de gobierno, no por quien ganara las elecciones sino por el cambio estructural en la participación.

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Por norma habitual los cambios de gobierno han ido acompañados de un aumento significativo de la participación tal cual vemos en el gráfico, generando los ciclos políticos que conocemos: 1977-1982 el de Suarez; 1982-1996 con Felipe González como Presidente; 1996-2004 la época Aznar. 2004 se corresponde a la llegada de Zapatero a la Presidencia del Gobierno, ciclo que acabó en 2011 que ya entonces no se reflejaba en un aumento de la participación. Rajoy pasó de la oposición a una mayoría absoluta con una participación a la baja. Lo sorprendente ahora es que los cambios que estamos viviendo en 2015 se hayan producido con tan sólo una subida de 1,51 puntos respecto a 2011. Todavía no sabemos qué Gobierno vamos a tener ni a qué es debido esta modificación del comportamiento electoral. No sabemos a qué partido beneficiaría índices de participación más altos. Lo que sabemos, con los datos brutos en la mano, es que todo está cambiando tanto –la estructura electoral de los distritos, la distribución porcentual del voto, el ciclo político, la participación política de los electorados- que la incertidumbre sigue siendo máxima. Nada puede predecirse con estos resultados. Veremos qué dice el análisis pormenorizado de los mismos y la encuesta postelectoral.

Cenzo A.de Haro

@cenzoadh

 

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