100 AÑOS DE LA I GUERRA MUNDIAL

Un artículo de Marcos Martínez Solanilla para ColumnaZero.
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Un artículo de Marcos Martínez Solanilla para ColumnaZero.
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En memoria de un pasado no tan pasado: Primera Guerra Mundial.

Han pasado 100 años desde el inicio de una de las etapas más oscuras de la historia. Un siglo que no ha conseguido, ni conseguirá, retirar de nuestra memoria el dolor que la propia humanidad causó contra ella misma entre 1914 y 1919.

Desde ColumnaZero presentamos el contexto, las causas y consecuencias de uno de los conflictos más sangrientos y cercanos acaecidos en nuestro planeta.

Siglo XX: tiempo de rivalidad, tensión y amenazas.

A comienzos del siglo XX, Europa era una bomba cuya mecha podía ser encendida en cualquier momento. Se trata de una época de fuertes tensiones de poder entre las potencias del momento: desde mediados del siglo XIX los países europeos se habían centrado en ejercer el control sobre amplias zonas africanas y asiáticas ricas en materias primas, lo que produjo la rivalidad entre naciones que buscaban dominar un mismo territorio.

Ninguna grande potencia podía quedarse “de brazos cruzados”. Si alguna lo hacía, mientras un país vecino creaba un gran Imperio,  se convertiría en débil y, por tanto, en un territorio fácil de anexionar por parte de un país enemigo superior.

Estas tensiones tuvieron dos consecuencias en todo el continente: un aumento del nacionalismo (entendido como el sentimiento de unión común entre los miembros de una sociedad frente a los posibles ataques procedentes del exterior) y una espectacular carrera armamentística iniciada a principios del siglo XX.

Asesinato Francisco Fernando de Austria.
Asesinato Francisco Fernando de Austria.

¿Qué país encendió la “mecha de la guerra”?

Europa, como se ha mencionado con anterioridad, era un foco de tensiones. La mayor parte de estas se centraban en el conflicto entre Austria-Hungría, potencia multinacional que mantenía la paz en las fronteras de Occidente, y Serbia.

Para este último país, Austria-Hungría era un Imperio antidemocrático cuyos únicos objetivos eran  aumentar su territorio y su poder, lo que ponía en riesgo la pervivencia de los países eslavos.

Serbia se veía a sí misma como la  única esperanza de independencia para los eslavos que vivían bajo dominio extranjero en los Balcanes, y los miembros de la Mano Negra (una organización secreta de carácter terrorista e ideología nacionalista compuesta por integrantes del ejército serbio) estaban dispuestos a cualquier cosa por perjudicar a sus vecinos austro-húngaros.

Así, cuando Dragutin Dimitrijevic, líder de la Mano Negra, se enteró de que el archiduque Francisco Fernando de Austria planeaba una visita a Sarajevo en junio de 1914, encargó su asesinato a tres personas del grupo. El objetivo era crear una crisis política en Austria-Hungría que desestabilizara el Imperio.

Así ocurrió. El 28 de junio de 1914, Francisco Fernando y su mujer murieron de camino al hospital,  tras recibir un disparo cada uno al salir del Ayuntamiento de la ciudad.

Ni los propios serbios sabían que el asesinato había sido promocionado por un grupo de oficiales del ejército. No obstante, su percepción de lo ocurrido fue la misma que la de todo el mundo: fue el país entero el que apretó el gatillo.

100 AÑOS DE LA I GUERRA MUNDIAL

Ningún país hubiera imaginado lo que ocurriría

Austria-Hungría tenía ya el motivo necesario para declarar la guerra a Serbia. No obstante, el Imperio sabía que si lo hacía, parte del mundo se volvería en su contra por el hecho de atacar un país mucho menos poderoso. Sería interpretado como una guerra desigual.

Por ello, antes de la declaración de guerra, el Imperio contactó con Alemania para saber si podría contar con su apoyo en caso de complicaciones. Alemania dio su afirmativa, en parte, porque estaba convencida de que el conflicto sería exclusivo entre Austria-Hungría y Serbia: el Imperio Alemán parecía seguro de que Rusia, tradicional aliada de Serbia, no intervendría por miedo a una revolución interna.

Sin embargo, se trató de una interpretación errónea. Serbia recibió el apoyo de Rusia y, con ella, de su aliada Francia.

Poco después, Inglaterra, a pesar de estar al margen de la alianza franco-rusa, decidió integrarse en el bando de los aliados, en apoyo a Serbia. La decisión se debió al pensamiento de que si Gran Bretaña permanecía neutral, la guerra seguiría amenazando su territorio, su comercio internacional y su seguridad. Además, Gran Bretaña necesitaba conservar su alianza con Rusia y Francia ya que, ante posibles problemas en un futuro, no podría defenderse de todos los demás por sí sola.

La  entrada en el conflicto de Gran Bretaña arrastró a la masacre a Canadá, Australia, India, Nueva Zelanda y Sudáfrica. Asimismo, Bélgica se anexionó a la guerra debido a la invasión del país por parte de los alemanes cuando iban camino de Francia. Así, el conflicto se universalizó. La progresiva alianza entre los diferentes países tuvo como consecuencia la primera gran guerra a nivel mundial.

Se trata, por tanto, de un efecto dominó cuyo resultado fue la desaparición de los Imperios austro-húngaro y otomano, así como de las viejas dinastías europeas;  la afianza de EEUU como primera potencia mundial; la conservación de la supremacía marítima de Gran Bretaña; el aumento de poder de Francia tras la derrota de Alemania, su tradicional enemiga, y, sobre todo, la muerte de alrededor de 9 millones de personas, víctimas de las “amistades” entre los países de ambos bandos.

Nueve millones de vidas, el precio más caro de cualquier guerra acontecida en nuestro planeta; una cuyo tratado de cierre (Tratado de Versalles, 1919) no fue más que el preámbulo de la segunda entrega, que llegaría tan sólo veinte años después.

100 AÑOS DE LA I GUERRA MUNDIAL

1914-1919

Cinco años de ataques, sufrimiento, dolor e innumerables pérdidas que permanecen y permanecerán  en la memoria de la conciencia mundial hasta que los libros de historia dejen espacio a un vacío provocado por el fin de la misma.

Marcos Martínez Solanilla

@columnazero

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